miércoles, 17 de septiembre de 2008

La Historia del Vampiro


La historia del Vampiro está fundada en una opinión o relato que estaba de moda en Hungría y en varias zonas de Alemania hacia comienzos del siglo pasado. Se aseguraba por entonces que en varios lugares se sabía de muertos que habían dejado sus tumbas y por la noche visitaban las habitaciones de sus amigos, a quienes, por succión, chupaban su sangre mientras dormían.Esa persona entonces se convertía en un vampiro; y si no hubiera sido por la afortunada idea de un clérigo quien ingeniosamente recomendó estacarlos en sus tumbas, en estos momentos tendríamos un enjambre más grande de chupa sangres del que tenemos ahora. Muchas e ingeniosas observaciones por parte de profesores y clérigos intentaron explicar las causas físicas detal fenómeno. Se aseguraba que una porción del espíritu del animal, que no había escapado a la defunción del cuerpo, retenía el poder de la voluntad; e investidos con parte del cuerpo que todavía no había entrado en proceso de putrefacción, eran capaces de hacer esas prodigiosas excursiones desde la tumba y volver a su placer sin ningún inconveniente aparente. Otros opinaban que eran una clase de demonios, que se suponen son numerosos, que se apropiaban de cualquier resto humano volviéndose parcialmente corporales y perfectamente visibles. Para algunos de nuestros viajeros modernos parece que la noción de la existencia de los vampiros era muy conocida y creída por los holandeses y otras poblaciones de América. -- Yo no creo que una milésima parte del mundo sepa la razón del porqué el cordón umbilical era cuidadosamente quemado después del nacimiento por los que atienden el parto.Se basa en la opinión de que esos numerosos demonios domésticos, en quienes creen perfectamente, eran tenaces cuando tenían la oportunidad de obtener cualquier porción de humanidad, que ellos preferían a cualquier otra sustancia animal. Suponemos que el cordón umbilical sería un muy deseable jubón para esta pequeña "nobleza". De aquí que, dada sus ganas de hacerse corpóreos y visibles, cuando no obtenían fácilmente restos humanos, estaban forzados a buscar en mataderos, montones de carroña, etc., para "vestirse" con lo que encontraban en su camino. De lo que deducimos que muchos de ellos aparecieran en forma de caballos, vacas, asnos, etc., o sea, en toda clase de animales, por lo que se dice que estos son los fantasmas de los animales que representan más que de cualquier otra persona.¿Por qué está tan mortalmente pálido, mi señor? ¿Por qué se desvanece el rubor de su mejilla? ¿Qué puede a mi querido marido afligir?
Sus cuidados sentidos, oh Herman, habla!¿Por qué a la silenciosa hora del descanso tú te lamentas tan tristemente mientras duermes? ¿Estás oprimido por la aflicción más pesada, aflicciones demasiado dolorosas para ser guardadas?¿Por qué palpita tu pecho? ¿Por qué se estremece tu corazón? ¡Oh, habla! Y si hay algún alivioTu consuelo Gertrudis te lo dará,Si no, al menos comparte tu aflicción.Pálida está esa mejilla que una vez la floración de la reluciente belleza varonil enseñó; apagados están esos ojos, en pensativa penumbra que antiguamente con entusiasta lustre brillaban.Di, ¿por qué también a medianoche, tú tristemente jadeas y te estiras para respirar como si algún poder sobrenaturalestuviera arrastrándote hacia la muerte?Inquieto, aunque durmiendo, aún te quejas, y con un horror convulsivo te sobresaltas.¡Oh, Herman! Haz saber a tu esposa ese pesar que atormenta tu corazón.¡Oh, Gertrudis! ¿Cómo podré relatartela extraña angustia que siento?; extraña y severa como es este mi destino; un destino que yo no puedo esconder más tiempo.A pesar de toda mi fuerza acostumbradael destino severo ha sellado mi suerte esta espantosa enfermedad a la largame arrastrará a la silenciosa tumba.Pero di, Herman, ¿cuál es la causa de esta aflicción y de todo lo que te preocupa que, como un buitre tus vitales roe y mortifica mi pecho con desesperación.El joven Segismundo, mi una vez querido amigo, pero quien últimamente renunció a respirar,con otros lo acompañé a la silenciosa casa de la muerte.Por él lloré, por él llevé luto,pagué todo lo que debía por amistad pero tristemente la amistad ha vueltoy tu Herman tiene que seguirlo también.Debo seguirlo a la tenebrosa tumba a pesar de las artes o las habilidades humanas; ningún poder en la tierra puede salvar mi vida, es la voluntad inalterable del destino.El joven Segismundo, mi una vez querido amigopero ahora mi vil perseguidor extiende su malevolenciaincluso para torturar mi alma.Por la noche, cuando, envueltos en profundo sueño todos los mortales compartimos un suave reposo, mi alma mantiene espantosas vigilancias más intensas de lo que el infierno apenas sabe.Desde la tenebrosa mansión de la tumba desde las profundas regiones de los muertosel fantasma de Segismundo vaga y me persigue horriblemente en mi cama.Allí, vestido de forma infernal,(de una manera que yo no entiendo) el duende yace cerca de míy bebe mi sangre vital.Chupa de mis venas la vida que fluyey drena la fuente de mi corazón. ¡Oh Gertrudis, Gertrudis! ¡Mi querida esposa!Indecible es mi dolor.Cuando está saciado, el horrendo duende con el banquete de la sangre amamantadase retira a su sepulcro hasta que la noche lo invita a venir una vez más.Luego él terriblemente volveráy de mis venas los jugos de la vida drenará; mientras que yo, inerte, lloro con angustiay me sacudo con dolor agonizante.Pronto estoy exhausto, gastado,su carnaval está casi acabado; mi alma está hendida con agonía.mañana no estaré más.Pero, oh Gertrudis, mi querida esposa. Las más penetrantes punzadas al fin permanecerán pues muerto, yo también buscaré tu vida;tu sangre por Herman será drenada.Pero para evitar este horrible destino,en cuanto muera y yazca en tierra cruza mi cuerpo con una jabalina;esto prevendrá mi regreso.Oh mira conmigo esta última y triste noche, miremos en tu habitación aquí solospero cuidadosamente esconde la luz hasta que escuches mi quejido de despedida.Entonces a la hora en que la campana de vísperasde aquel convento repique ese repique llamará a mi despediday el cuerpo de Herman estará frío."Entonces, y sólo entonces, tu lámpara descubre, el rayo primero, la luz radianteharán asustar al duende a mi lado y lo hará visible a la vista."Toda la noche la pobre Gertrudisestuvo sentada vigilando a su moribundo marido;toda la noche ella lloró el destinodel objeto que su alma adoraba.Entonces, a la hora en que la campana de vísperas de aquel convento tristemente sonósu despedida fue entonces repicada y el desventurado Herman estaba frío.Justo en ese momento Gertrudis descubrióde debajo de su capa la escondida luz, cuando, ¡horrible!, ella tuvo a la vista la sombra de Segismundo. ¡Triste visión!El indigno puso sus coléricos ojos en blanco Que brillaban con mirada salvaje y terrorífica, Y con sorpresa contempló por un momentoPasmado la esclarecedora iluminación.Sus cadavéricas mandíbulas estaban embadurnadacon coagulada matanza y todo este horror parecía distantey lleno con sangre humana.Con horrible ceño el espectro huyó.Ella chilló muy alto, luego se desvaneció. El desventurado Herman en su camaTodo pálido, un cuerpo sin vida yacía.Al día siguiente en consejo fue decretado(impulsado a petición del estado) que la naturaleza escalofriante debería ser liberadade pestes como esta antes de que fuera demasiado tarde.El coro entonces llenó la cúpula del funeralDonde Segismundo estaba enterrado, Y lo encontró, aunque dentro de su tumba Aún templado como la vida y sin deterioro.Su cara no estaba manchada de sangre. Ensangrentados estaban sus temerosos ojos. Cada signo de vida pasada permanecíaaunque allí sin movilidad yacía.Ellos llevaron al mismo sepulcroel cuerpo de Herman y a través de los dos cadáveres introdujeron profunda en la tierra, una afilada estaca.Así acaba su carrera,con esto no podrán vagar más. De ellos no tendrán que temer más sus amigos. Los dos guardan silenciosos la inactiva tumba.